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Un contratista de remodelaciones en Cancún acepta un proyecto de $280,000 pesos. El cliente le da un anticipo del 30% y queda en pagar el resto al terminar. El proyecto dura tres meses. Durante ese tiempo, el contratista financia materiales, paga ayudantes, cubre gasolina y renta de equipo. Para el segundo mes ya está usando dinero de otros trabajos para sostener este. Cuando termina, el cliente le dice que necesita dos semanas para juntar el saldo. El contratista que no sabe cotizar por avance de obra acaba financiando proyectos ajenos con su propio bolsillo.
Cobrar por avance no es desconfianza — es estructura financiera básica. Cualquier proyecto que dure más de dos semanas o cueste más de $50,000 pesos debería tener un esquema de pagos por etapas. Sin eso, el contratista absorbe todo el riesgo financiero del proyecto.
El esquema más común para contratistas de construcción y remodelación divide el proyecto en etapas con un porcentaje de pago asociado a cada una. El anticipo cubre materiales iniciales y movilización. Los pagos intermedios se liberan conforme se completan etapas verificables. El finiquito se paga al terminar.
| Etapa | Porcentaje | Cuándo se cobra | Qué cubre |
|---|---|---|---|
| Anticipo | 30% – 40% | Antes de iniciar | Materiales, movilización, primeros días de mano de obra |
| Avance 1 (obra negra / demolición) | 20% – 25% | Al completar fase estructural | Instalaciones ocultas, muros, impermeabilización |
| Avance 2 (acabados básicos) | 20% – 25% | Al completar acabados principales | Pisos, azulejo, pintura base, instalaciones visibles |
| Finiquito | 10% – 20% | Entrega y firma de acta | Detalles finales, limpieza, garantía |
La regla práctica es que nunca tengas más dinero invertido en el proyecto del que ya te pagaron. Si en cualquier momento el cliente desaparece o suspende, no deberías estar perdiendo dinero. El anticipo debe cubrir al menos los materiales de la primera etapa completa.
La cotización por avance debe dejar claras tres cosas: qué se entrega en cada etapa, cuánto se cobra por cada etapa, y qué pasa si el cliente no paga a tiempo. Un párrafo simple funciona: “Los trabajos de la siguiente etapa iniciarán una vez recibido el pago correspondiente a la etapa completada. En caso de retraso en el pago mayor a 5 días hábiles, los trabajos se suspenderán sin responsabilidad para el contratista.”
Esa cláusula protege tu flujo de caja. Sin ella, el cliente puede retrasar pagos indefinidamente mientras tú sigues trabajando. Con ella, tienes una base para suspender sin que te acusen de incumplimiento.
Anticipo demasiado bajo. Un anticipo del 10% o 15% no cubre los materiales de la primera etapa. El contratista termina poniendo dinero de su bolsillo desde el día uno. El anticipo mínimo viable para remodelación es del 30%.
Finiquito demasiado alto. Si dejas el 40% o 50% para el final, concentras todo tu riesgo de impago en el momento en que ya invertiste todo tu trabajo y materiales. El finiquito no debería ser más del 20% del total. Así, si hay un problema al cierre, tu pérdida máxima es manejable.
No documentar los avances. Cada vez que completas una etapa, toma fotos, notifica al cliente por escrito y solicita el pago. Un mensaje de WhatsApp con fotos y la leyenda “Etapa 2 completada, quedo al pendiente del pago correspondiente” es evidencia válida. Si usas SendWork, puedes documentar avances y enviar solicitudes de pago desde la misma plataforma.
Para trabajos pequeños — menos de $15,000 pesos y menos de una semana de duración — el esquema de avance no tiene sentido. En esos casos, un anticipo del 50% y el saldo al entregar es suficiente. El cobro por avance es para proyectos que duran semanas o meses y donde el contratista necesita comprar materiales significativos. También conviene revisar cómo manejar los viáticos y desplazamiento en proyectos que requieren traslados constantes, para que esos costos no erosionen tu margen junto con un mal esquema de cobro.
Este artículo forma parte de nuestra serie sobre Precios y Tarifas para contratistas en México.